Llevo unos días pensando en hacer esta reflexión sobre el Fútbol y la Política por varios motivos. Uno de ellos tiene que ver con salirme un poco de lo noticiable en el terreno político-económico, de sus guerras y conflictos omnipresentes. Otro es que tengo afición, no como practicante si no como espectador, a varias prácticas deportivas. Y otro motivo es, que el deporte en los medios de deformación es el postre empalagoso ( después de un atracón de noticias-desgracia ) con el que nos atiborran ideológicamente, y claro no permanezco indiferente a la manipulación interesada que hacen desde el poder de las ganas de la gente por competir. No descubro nada nuevo si digo que el deporte es una herramienta económica y política de los Estados y mafias de todo tipo ( española, italiana, rusa, saudí, etc..) para manipular sentimientos y hacer negocios con ellos. Se anuncia entre marcas de alcohol y tabaco por una legión de esperpénticos voceros en cada modalidad, y cada vez que pueden, las élites políticas lo utilizan para " ganar imagen " y utilizar las victorias de otr@s como suyas.Decía Vazquez Montalban :
" Es indudable que en situaciones fascistas o parafascistas la sublimación del deporte como mística de la fraternidad viril, la raza, el estilo de vida, etcétera, crea con respecto a él, una repugnancia traumática de por vida en los espíritus cultural o políticamente sensibilizados. El misticismo fascista envilece cuanto manipula y tras situaciones históricas de pesadilla fascista, esa traumatización afecta al planteamiento del hecho nacional, patriótico-simbólico, etc.). No es de extrañar que la reconciliación de los intelectuales con el deporte coincida con el debilitamiento de la sublimación formal del fascismo.
No obstante, sobrevive siempre la sospecha de que el culto a lo físico lleva a la utilización de los puños y el lanzamiento de piedras como argumentos convivenciales. Y, sin duda, una extraña relación hay en todo eso.
Sin embargo, la obligación del intelectual es comprender, lo que no quiere decir disculpar o absolver. El hecho deportivo es unhecho de masas, pero no sólo para las masas, sino también de las masas. Como todo hecho cultural, el deportivo participa de dos sujetos: el creador o programador y el receptor, el que en definitiva le da sentido. Luis Dávila ha sido el primer especialista español en la cuestión que se ha acercado al hecho deportivo en busca no sólo de las manazas manipuladoras, sino también de los estómagos receptores: en busca del público, en busca del pueblo" http://www.vespito.net/mvm/prolpoldep.htmlEl Levante C.F
Por último es que quiero aprovechar un hecho singular....que el Levante U.D lidere la clasificación de 1ª División. Quiero resaltar cómo un equipo a lo David supera a los equipos Goliat del fútbol " imponiendo la regla " de que los ricos, guapos y triunfadores tengan que mirar hacia arriba para ver a un equipo pequeño y pobre pero tan guapo y triunfador como los elegidos para la gloria. El Levante tiene una afición en buena parte antiracista, antifascista y republicana, y aunque la dirección es una de las tantas camarillas que dirigen a los clubs, la base social es obrera y principalmente de los barrios maritimos ( como el Cabanyal ) . Lo que representa en Valencia este equipo, es la oposición al club grande de la ciudad y al que Rita, Camps y su camarilla no dejan de favorecer y mimar: el Valencia.C.F.
No soy levantinista ni fanático de ningún equipo pero me alegra mucho ver esta situación, que quizás no dure mucho, y que sea el Levante quién rompa con lo que no estaba previsto. Os dejo un enlace sobre el reconocimiento que se hizo a la Copa de España que ganó el Levante en el 1937 y que tanto tardaron en reconocrele. http://archivo.marca.com/edicion/marca/futbol/1a_division/levante/es/desarrollo/1039379.html
Por la mínima al Valencia
Con los mejores equipos clasificados de esa liga se jugó la Copa de la España Libre o Copa de la República en 1937 que, según apuntan, "era la heredera legal de la competición que se disputó en honor a Alfonso XIII que, con el cambio de régimen se llamó Copa del Generalísimo y con la llegada de la democracia se denomina Copa del Rey". Sin la presencia del Barcelona, campeón de esta Liga, que prefirió hacer un tour por México y Estados Unidos, el torneo lo ganó el Levante al imponerse al Valencia 1-0 en la final disputada el 18 de julio de 1937 en Barcelona. En esta petición se recuerda que, tras la guerra, y con el cambio de régimen, la Copa de la zona 'liberada', que en el bando nacional se jugó en mayo y junio de 1939 se celebró con trece participantes, ninguno de Cataluña, País Vasco, Valencia, Islas Baleares y Murcia y lo ganó el Sevilla ante el Racing de Ferrol (6-2). El grupo parlamentario explica en su propuesta que la Real Federación Española de Fútbol computa "a efectos de reconocimiento oficial, historia y estadística, la Copa del Generalísimo del 39 y no la Copa de España Libre, creando como es notorio una clara discriminación y un menoscabo de la validez y competencia de los equipos de la República,Fútbol a sol y a sombra." La historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber. A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí. En este mundo del fin de siglo, el fútbol profesional condena lo que es inútil, y es inútil lo que no es rentable. A nadie da de ganar esa locura que hace que el hombre sea niño por un rato, jugando como juega el niño con el globo y como juega el gato con el ovillo de lana: bailarín que danza con una pelota leve como el globo que se va al aire y el ovillo que rueda, jugando sin saber que juega, sin motivo y sin reloj y sin juez.

El juego se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores, fútbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue. La tecnocracia del deporte profesional ha ido imponiendo un fútbol de pura velocidad y mucha fuerza, que renuncia a la alegría, atrofia la fantasía y prohíbe la osadía. Por suerte todavía aparece en las canchas, aunque sea muy de vez en cuando, algún descarado carasucia que se sale del libreto y comete el disparate de gambetear a todo el equipo rival, y al juez, y al público de las tribunas, por el puro goce del cuerpo que se lanza a la prohibida aventura de la libertad ".
Eduardo Galeano.
Quiero despedir este espacio dedicado al fútbol presentando al Sant Pauli.
Esta es su bandera y su afición.

¡¡¡ Força Llevant !!!
¡¡
¡¡¡ Aupa St. Pauli!!!
¡¡¡ Practiquemos la lucha de clases y el anti-fascismo en todo los terrenos !!!
¡¡¡ Llevemos la lucha a los estadios !!!
La poesía necesaria.
El árbitro también tiene su página poética con Eduardo Galeano que se acordó de tan sacrificada profesión.
“El arbitro es arbitrario por definición. Éste es el abominable tirano que ejerce su dictadura sin oposición posible y el ampuloso verdugo que ejecuta su poder absoluto con gestos de ópera. Silbato en boca, el árbitro sopla los vientos de la fatalidad del destino y otorga o anula los goles. Tarjeta en mano, alza los colores de la condenación: el amarillo que castiga al pecador y lo obliga al arrepentimiento, y el rojo, que lo arroja al exilio.
Los Jueces de línea, que ayudan pero no mandan, miran de afuera. Solo el árbitro entra al campo de juego; y con toda razón s persigna antes de entrar, no bien se asoma ante la multitud que ruge.
Su trabajo consiste en hacerse odiar. Unica unanimidad del fútbol: todos lo odian. Lo silban siempre, jamas lo aplauden.
Nadie corre más que él. Él es el único que está obligado a correr todo el tiempo. Todo el tiempo galopa, deslomándose como un caballo, este intruso que jadea sin descanso entre los veintidós jugadores; y en recompensa de tanto sacrificio, la multitud aúlla exigiendo su cabeza. Desde el principio hasta el fin de cada partido, sudando a mares, el árbitro esta obligado a perseguir la blanca pelota que va y viene entre los pies ajenos. Es evidente que le encantaría jugar con ella, pero jamás esa gracia se le ha sido otorgada. Cuando la pelota, por accidente, le golpea el cuerpo todo el público recuerda su madre. Y sin embargo, con tal de estar ahí, en el sagrado espacio verde donde la pelota rueda y vuela, él aguanta insultos, abucheos, pedradas y maldiciones.
A veces, raras veces, alguna decisión del árbitro coincide con la voluntad del hincha, pero ni así consigue probar su inocencia. Los derrotados pierden por él y los victoriosos ganan a pesar de él. Coartada de todos los errores, explicación de todas las desgracias, los hinchas tendrían que inventarlo si el no existiera. Cuanto más lo odian, mas lo necesitan.
Durante más de un siglo el árbitro se vistió de luto. ¿Por quién? Por él. Ahora disimula con colores.
Ojo vista y acción.




















